Hockey #TeHaceBien

El hockey en mi historia general no tiene gran relevancia, no soy jugadora de toda la vida y podría decir que, si bien de adolescente jugué algo, fue de grande cuando me enganché mas.

Pero en particular, mi historia del cáncer de mama con el hockey, tiene mucho que ver:

Mi mejor amiga tiene gran responsabilidad en esto. Ya hace muchos años me insistía para que jugara en su grupo, luego de idas y vueltas, al fin lo logró y marchaba sobre ruedas, jugábamos casi todos los días, era casi como una droga, más jugábamos, más ganas de seguir jugando teníamos, un día después de un partido, fue cuando descubrí ese bulto maldito, y después del primer diagnóstico me fui a jugar un torneo nocturno, llegue tarde porque me habían estado haciendo estudios, así que el partido ya estaba empezado así que en el medio de las jugadas les iba contando lo que me habían dicho los médicos.

Ese día salimos campeonas, no éramos tan buenas y tampoco estábamos acostumbradas a ganar, no se si era una señal, un modo de olvidarme lo que me acababa de enterar, un regalo de mis amigas, pero esa noche se festejó con todo.

Desde el diagnóstico hasta la operación, jugamos todos los días, incluso el día anterior. Eran las 8 pm. Y yo arrancaba mi último partido con un tumor en el cuerpo (nunca supe cuál fue el primero) y a las 8 am. del día siguiente estaba entrando en el hospital para inyectarme las marcaciones del ganglio centinela.

Si bien me preocupaba dejar de jugar, mi prioridad era curarme, eso siempre lo tuve claro. Ahora, cuando ya tenía la mastectomía hecha y algunos indicios de que las cosas venían bien, le queme la cabeza al Dr. Mayer LITERALMENTE para que me indique cuando podía volver a jugar.

En realidad nunca me dijo cuándo, de hecho, me dijo que lo mejor sería que deje el deporte para toda la vida, porque por el desprendimiento del músculo, el bolsillo para la prótesis definitiva, etc. Podían verse afectadas cuando haga mucha fuerza en alguna pegada. Y acá no quiero hacer apología a la REBELDÍA, pero considero que a veces, hay que saber medir sus propios límites. Me prometí a mí misma aflojar ante el primer dolor y con el expansor puesto, empecé a jugar.

Me compre unas protecciones para boxeadoras y arranque, básicamente es como jugar con dos compoteras en las lolas, algo así como LO MAS INCOMODO DEL MUNDO. (el otro día las encontré y me las probé y les juro, que no se como me metí en una cancha con eso).

En resumen, solo pare cuando tuve reposo por las operaciones, claro está que no volvió nada a ser como antes, porque el #tomoxifeno hizo de las suyas por todos lados, pero lo importante es que siempre es de las cosas que me hacen bien.

Cuando la dudo, estoy con fiaca, pero igual salgo de mi casa y voy a entrenar, nunca vuelvo arrepentida.

Y además, tener un equipo que te haga el aguante, afuera y adentro de la cancha, no tuvo desperdicio. Siempre van a ocupar un lugar especial para mi.

A mi entender, hacer lo que te hace bien, nunca esta de mas, por supuesto hablando de cuestiones saludables, dejar el deporte para toda la vida para mi era una exageración, ni yo era una leona ni jugaba en ambientes tan competitivos como para que pase algo tan drástico, creo que a veces, ir probando hasta dónde podes llegar es una manera también de mantenerte vivo.

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